De los cerros a los mares

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Como ya se ha hecho costumbre en el período vacacional, los niños de nuestro comedor y sus mamás tuvieron, merecidamente, un día de sol y mar en la playa ‘Las Conchitas’ de Ancón, gracias a la generosidad de Samuel Nieva, Mayca Cortez y Rodrigo Gonzales, compatriotas radicados en Estados Unidos. Fue un tiempo de sol abrazador, aguas mansas, y alegrías inmensas en esta playa al norte de Lima.

La nota curiosa y sentida la pusieron los hermanitos Luz, Téofilo y Julio Aguirre, naturales de un pueblo de Pataz, en la sierra de La Libertad, quienes conocieron el mar por primera vez. Estos niños y sus familiares habían llegado al cerro hace dos años, y los primeros días de diciembre del año pasaron sufrieron la pérdida de su casita y de dos miembros de la familia debido a un incendio devastador.

Pero también es curioso un hecho que se repite cada año y que tiene su propia explicación. Y es que, durante la inscripción de los viajeros y en los momentos previos a la partida, se recomienda a las mamás a hacerse responsables de sus hijos durante la estadía en el mar. Sin embargo, esta recomendación es desoída por varias mamás, que son las primeras en ingresar al mar para darse un chapuzón.

Actitud explicable porque la gente de los cerros tiene escasas posibilidades de visitar la playa por sus propios medios y recursos. Aquí es, entonces, donde entra a tallar nuestro grupo para proveer, a niños y mamás, un paseo playero para relajarse un poco y para confundirse con las arenas menudas, las aguas saladas, y los soles rotundos. Gracias a Dios y, por supuesto, a las personas de buen corazón.

La playa estaba limpia, las olas eran manejables, el día pintaba bien. Y los niños, objetivo principal de nuestro trabajo, nadaron hasta más no poder, en sus propios estilos por cierto; y recogieron muy-muy y algunos cangrejos. Al mediodía se almorzó, y después de un descanso corto los niños volvieron al agua; y a las 4:30 de la tarde dejamos la playa contentos, y algunos con las espaldas quemadas.

Como es de dominio público, nuestros programas son financiados con donaciones voluntarias de personas caritativas, básicamente compatriotas y amigos radicados en el extranjero. Y conforme a nuestra metodología, reiteramos el llamado para que más personas piadosas se añadan al selecto grupo de colaboradores de nuestro grupo. Los niños y sus mamás se lo agradecerán, y Dios les recompensará.

Con aprecio y consideración,

Tito Pérez

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